El amor: esa planta carnívora…
Como si no estuvieras
se desliza la vida absurdamente pálida
tan pequeña y exacta como el alma
de una furtiva lágrima
que se secó al contacto del recuerdo.
Por el ángulo oscuro de mis ojos
te adiviné desnudo y libertario
tan semejante a mi
tan semejante
como paloma y cuervo.
Algún reloj extraño y redivivo
quebraba sus minutos en mis pechos
y la nocturnidad se hizo más grande
la ausencia más lejana
más viscosos los pasos del silencio
y más triste el adiós
de los amantes.
Del contorno distante de tu nombre
se desprendió un cuchillo hasta mis ojos
como relámpagos de salazúcar
que intentaran fundirse con mis sueños.
Entre mis labios
la sonrisa
triste
murmuró “nunca más”
¡Hay tanta noche negra en nuestras almas!
¡Tanta agua nocturnaria entre nosotros!