Yo torcía mi mirada hacia el viento del oeste, esperando sentir ese olor a fuego humedecido, esperando recobrar la infancia incierta.
Incierta como el sueño de un cadáver sin raíces.
Estoy punto y aparte
de cada letra que se vuelve araña
y va tejiendo
subrepticiamente
tu boca entre las ramas de los árboles.
Trenzan tus manos
el aroma frutal y los almíbares
de una red impetuosa de mucílagos.
Hierve en el aire el aletear de abejas
en busca de tu polen.
Será
que sin saberlo
te has abierto a la brisa de la vida.
Es el momento de mirar tu sombra
reptando
suavemente entre los lirios…
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