El amor: esa planta carnívora…
Amaneció agridulce ¿lo recuerdas?
La lluvia se hizo dios, borró el nosotros
y se quedó tendido entre las hierbas
un único cadáver, uno solo.
Una mortaja se elevó en tus cejas
y algún sudario se encogió en mis hombros,
tu dios junto a mi dios cerró las selvas
donde encerró la historia de dos locos.
Dos locos nada más. Luego, la carne
fue un revuelo de pájaros cobardes
y el sol contra sus alas se hizo eclipse.
Aquel amor se ensangrentó en el vuelo
de pájaros en busca de otro sueño
y nos bordó en las bocas… cicatrices.