El amor: esa planta carnívora…
A veces sólo quiero la conversión exacta
sin mimetismos
sin metamorfosis
sin trajes siderales para tocar la luna
sin algún profiláctico que augure
la quintaesencia elemental de un sueño.
En mi cuerpo de arcilla se vuelve obligatoria
la mutación total desde la sangre
y que me nazca un álamo en el vientre
un geiser en las manos
un camino sin brújula en los pies.
Se hace obligatorio hacerse estéril
cerrar a cal y canto cada surco
cada cauce
que se pudrió en la espera de semillas.
Que me nazca un puñado de pretéritos
nacidos en la mies de los silencios.
Se vuelve imprescindible,
necesaria,
la conversión total de arcilla a piedra.