El amor: esa planta carnívora…
Imperturbable diosa sin latidos
la de la sierpe-flor entre las manos
la del pie profanando los arcanos
y otro pie mancillando los rugidos.
Feroz devoradora de vencidos
de las mil guerras donde todo gira.
Vestida en el augur de la mentira
entronizada siempre en la fiereza
sacude con desprecio su cabeza…
y nadie sabe que Astarté suspira.
A veces Astarté siente el coraje,
ese coraje instinto del agobio
que transmuta su reino por cenobio
y en bostezo bestial el vasallaje
que le besa los pies. Mítico ultraje
¡Que ganas de arrancarse las adargas!
¡Que ganas de vestir humildes sargas!
¡Que ganas de retar al sol desnuda!
Pero sólo suspira…y se demuda
sin romper esa muerte tan amarga.