El amor: esa planta carnívora…
Nunca observaste al pairo de tu barco pirata
la barquichuela oscura que en el viento ligero
te persiguió incansable por el cosmos entero
como el espectro triste de una luna escarlata.
Nunca miraste el dedo que al rozar tu fragata
pudo aquietar su historia de huracán agorero
y te observó en silencio, bajo el sol bucanero
como Hipólita enhiesta con vestidos de plata.
Sobre mi mar de sangre zozobraron pecados
para encontrar la quilla feroz en tus costados
hundirse en el letargo sutil de tu inmanencia.
Mis dedos, son la opaca pobre nave del paria
tras las púrpuras huellas de tu barca corsaria
sin encontrar salida de un viaje a la demencia.