El amor: esa planta carnívora…
Es cierto. Cada desliz es cosa mía
cada pecado,
error,
cada imprudencia
que mutiló el temblor de los pezones
en los pechos desnudos de mi puerta.
Hay un crujir extraño
en la madera gris de cada hueso
cuando uno mira sin abrir los ojos.
Es cierto. Ya no cierra
la boca adoratriz de las ventanas
los labios confundiendo
la vana estupidez
con la osadía
y en la búsqueda inútil de algún beso
el último suspiro se nos quiebra.
Cada desliz
cada imprudencia mía
fue sólo un paso más al precipicio.
Disculpa que me ría.