El amor: esa planta carnívora…
Todo fue un maremagno de locura
en el mismo momento que tus ojos
cruzaron con su luz en mi penumbra
y dejè de ser yo
para volverme el eco de un nosotros.
¿Recuerdas?
Nos despertó la bestia de la sangre
y soltamos con furia los cinceles
vibrantes de tus manos a mis manos
para esculpirnos nuevos roce a roce
pulirnos los errores beso a beso
tan solo para amarnos…
Sentimental violento amor desmesurado
donde por cada absolución de esquirlas
la cerámica tibia de mi cuerpo
fue cóncava hornacina
para el crisol ardiente de tu barro.
Todo fue, ya lo ves,
sin importar el donde como y cuando.
¿Miras?
Tu ausencia me ha dejado solo el mármol
en un bloque compacto de vacíos
amorfos y desnudos que resbalan
sobre mi mundo en gris de muros blancos.
Y tu
lejano
augusto
y estatuario
has elegido deshojar tus vientos
en las rosas más limpias de pecados
quizá para olvidar
que ya conoces
en mi vientre las puertas del infierno.
Voy a morir mañana con tu nombre
en un albor de muros siempre en alto
-siempre en blanco-
con los ojos abiertos y en la espera
de aquel
cuando nosotros los muertos despertamos…