El amor: esa planta carnívora…
El mundo ya no gime, se abalanza
con sus mil lenguas ávidas y muerde
tu voz de madreselvas
para que no te envuelvas
en mis celajes de hojarasca verde
y aromas de esperanza.
De oscuro redondel se alzó la luna
exhalando sulfuros relumbrantes
como el toro de lidia
resopla pura envidia
cuando la sed y el agua son amantes
sobre la tierra bruna.
Mientras cumple su ciclo envenenado
la lengua contumaz y arrabalera
escupirá aguijones
detrás de tus talones
y encenderá en mis labios otra fiera
soldada a tu costado.
No gritará mi nombre el eco insano
que guarda en un rincón tu entelequia,
y yo no necesito
de aquelarre y de grito
para hacer tu batalla siempre mía…
y estar mano con mano.
Y ¿para que si no, sembramos trigo
sobre un mismo trigal verde y profundo?
Sabrás que tus contrarios
serán mis adversarios,
y si te arrastra el vendaval del mundo
me quiero en el contigo.