El amor: esa planta carnívora…
Nunca cierran del todo las heridas
-aunque cierren –
pero la vide sigue en carruseles
a pesar del ardor
y de las penas
que en los labios cerrados nos calcina.
Que fácil debe ser cerrar los ojos
tapiarnos los oídos
y dar vuelta a la llave veinte tiempos
para cerrar la puerta a lo que duele.
Cuando el mundo nos lanza sus mordidas
hay que enfrentarlo
y escupirle el rostro
y en las horas más negras
cuando se apaga el sol
encendernos la sangre de las lámparas.
La vida es un caer y un levantarse,
es romper el silencio a puros gritos
y amasarnos el alma
con la fuerza que mana de la herida.
Aquello fue amistad
y es
y será
amistad de la más pura.
Hoy ya no puedes
decir
que la pelota es tuya y te la llevas.
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