El amor: esa planta carnívora…
I
Hay espacios que quedan fijos, grabados
en algún prisma añejo de nuestra historia,
un tatuaje en colores de la memoria
un álbum de recuerdos acompasados.
Y la niñez retorna. De enmarañados
cabellos; ojos limpios manos abiertas
de fantasías vistiendo las cosas ciertas.
A veces estos dedos son pintureros
y regresan al tiempo en que los luceros
jugaban escondidas tras de las puertas.
II
Hay espacios de niña. De niña buena
donde a veces me cubro como un escape
de las garras furiosas de mi almanaque,
de la asfixia que tiene el reloj de arena.
Entonces me regreso a la hierbabuena
que aromaba de niña mi firmamento,
me regreso al galope contra del viento,
al columpio de lunas, a piel mojada,
a la tierra fecunda y asalvajada
donde yo misma escribo mi propio cuento.
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