El amor: esa planta carnívora…
Nunca conocí un desierto
tan desierto que la soma
que por sus ojos se asoma
tan despoblado, tan yerto.
Nunca conocí, -y es cierto-
tanta arena emponzoñada
donde no germina nada,
donde nada reverdece,
donde hasta el cielo parece
una estéril pincelada.
Las noches en despoblado
sin estrellas y sin luces
son un desierto de cruces
-fantasmas de mi pasado-
Un cementerio olvidado
lleno de espinas y abrojos
vaho mistificado en rojos
jirones de misereres
que prende con alfileres
el desierto de sus ojos.
El amargor de la piedra
desértica, y afilada
rueda en si desarraigada
de la espina, de la hiedra.
En el desierto no medra
ni verde ni brizna alguna,
solo algún cactus acuna
su punzar sobre la roca
y en sus espasmos evoca
sus espinas, una a una.
Desierto, sin voz ni boca
¿De que te sirve la luna?