El amor: esa planta carnívora…
Se destiñe mi savia en un espasmo
cada vez que tus manos de agualumbre
encienden por mis ríos
un sol de escalofríos
que revienta en mis hojas –por costumbre-
verdores de un orgasmo.
Soy un desliz de musgos abismales
que despiertan al roce de tus dedos
artísticos y orfebres
para encender las fiebres
que subyacen en líquenes y miedos
de coitos vegetales.
Soy un orgasmo –yo- sin extensiones
sin el miasma de virus que transmita
-ni borde en piel ajena-
la sed que desordena
ni el clímax de verdor que delimita
mis propias pulsaciones.