Pasé junto a la piedra
bajo la cual moras
ignorante de la gracia de tus dientes
y has mordido
y has mordido
y he vuelto a pasar
y he vuelto
y he vuelto…
Que los dioses de otoño
te permitan ser trigo de mis campos hambrientos
acunarte en mis tierras y sentir como creces,
cosecharte en mis manos y llevarte a mi boca
bautizado en prodigio.
Que transmuten tu cuerpo en mis peces y panes.
Que el verano y sus dioses te transformen en lluvia
y que lluevas muy lento la aridez de mi espacio,
que se sanen mis labios en tus húmedos roces,
que te dejen mojarme convertido en un río
renacido y fecundo
convertido en mis panes, convertido en mis peces.
Siempre tienen tus labios redenciones ajenas.
Siempre tienen mis manos conversiones de un sueño…