El amor: esa planta carnívora…
En la pálida mano se acurruca la tarde
se desmaya la bruma
de un recuerdo que duele
escapando del alma con suspiros de sangre
y el gorrión de su pecho
tiembla leve en los labios
como un beso de plumas.
Es la seda la cárcel
de amapolas que lloran purpurinas y amargas
por la esquina quebrada de la roja sonrisa.
Y el cristal se humedece
con recuerdos que nacen
en el útero triste de cortinas cerradas.
El adiós es un gérmen
como un parto de lágrimas
donde a veces
-a veces-
se acurruca la tarde.