Hoy tengo sed
así que si silbas
hazlo suave:
estoy allí bebiendo.
Paseas tus dedos por el fondo de mi río
por la corteza de mi otoño
por mis pequeñas estalagmitas habituales
sólo por la violencia
de reabrirme las viejas cicatrices
desde la piel ardiente.
Vas dejando tu rastro
tus indicios
como un sofión que hurgara al disimulo
en la hojarasca de mis inquietudes
sólo por la emoción de contemplarme
arrancándome a solas
las raíces
que me atan a la tierra de tu tierra.
Paseas tus dedos en el sur de mi memoria.
Y luego surges de la nada
tan impetuosamente como un geiser
que arrastrara a su paso
los residuos que quedan de un latido.
Después de cada roce
-ya lo sabes-
la ausencia es el ideal de lo evidente
y la nada es lo único que queda
cuando se descabala el viaje de tus manos
o el eco de tu nombre.