El amor: esa planta carnívora…
¿Qué eres tú,
sino un conjuro elemental
un animal de fuego que se inmola
para volverse carne?
Tiene tu piel un rito de incunable
de profecías antiguas y enigmáticas
cerradizas al ojo
y asequibles
en el braille latiente de la lengua.
Como piedra de sal entre los ojos
como un rugido eterno en los oídos.
¿Quién eres tú
sino los anatemas de un milagro
prisionero inconfeso de los dédalos
del ego sum qui sum?
Si yo te abriera el pecho con las uñas
si yo te abriera el alma
se escaparía ese toro que te habita…