El acero de la lluvia golpeó la espalda del bosque
que en un sacudón breve
dejó brillar por un instante
su joven y antiguo rostro.
Que extraña pulsación de los pinceles
desdibujando ofrendas en el agua
cuando en la vida rota de los vidrios
cae la tinta
con la estridencia roja de un meteoro.
La vaguedad del tiempo es otra piel
que se acuna indolente en las autopsias
desmembrando minutos
despedazando el clic de las clausuras
una catarsis tibia
como un escatergories en las venas.
La rebelión caníbal nos espera
cada vez que amanece.
Hoy
sobran las tazas de formaldehído
para ocultar la risa
que nos guarda el recuerdo de mañana.