El amor: esa planta carnívora…
Las orillas del mar son un cuaderno
donde el alma es un sílice y se rompe
con esa nimia calidad de nada
cuyo rastro se escribe
y desescribe
–diario crepuscular de caracolas-
se detiene un segundo
tiembla
llama…
y se pierde en un sorbo de saliva
lamida por la lengua del océano.
Más arriba del mar
algún demonio urgente abre la boca
y se transforma en vientre acurrucante
en confesor de sal para la sal
en silencios de voz para el silencio.
La arena tarde a tarde es una tumba
de gaviotas quiméricas y rotas.
Quizá
la mutación del mar alguna noche
regurgite las cosas que le dije
y se enciendan del todo las amnesias.
Quizás entonces vuelva a
r
e
c
o
r
d
a
r
t
e
.