Henchida por su carga de misterios,
acaso inmaculados,
quizás alguno impuro,
surge quebrando el cascarón oscuro
la ráfaga brutal
de blancos despiadados.
No hay iris. Se difumina
el color de las violetas
y convivo con siluetas
en un mundo de neblina.
Indio Naborí
De aquella rara presencia
solo quedaron los mitos
y unos pasos pequeñitos
desdibujando la ausencia.
Pero se queda la esencia
ascórbica y opalina
de una mirada alcalina
sin fijeza y sin antojos
si en el arco de los ojos
no hay iris. Se difumina.
De noche salen visiones
por el jardín de mis dedos
y en el verdor de los miedos
miro las apariciones
caminar por los rincones
de mis parcelas secretas…
Son fantasmas con caretas
sobre la hierba de bruma
y lentamente se esfuma
el color de las violetas.
Las cosas son… tan igual
que después del cementerio
lancé sin ningún misterio
cuatro puñados de sal
y una cruz sobre el cristal
del ataúd. Las violetas
se deshojaron discretas…
preludio del buen morir.
Yo he decidido vivir,
y convivo con siluetas.
Decido seguir y asesto
para evitarme otra herida
mi nueva regla de vida:
no mearme fuera del tiesto.
Cada gesto con su gesto,
cada cactus con su espina
cada minero a su mina
cada demonio a su abismo.
Todo viene a ser lo mismo
en un mundo de neblina.