El amor: esa planta carnívora…
Si yo no fuera Euriale
me habrías cortado el cuello con los dientes
pero te vence el miedo
y tiembla hasta la piel de tu armadura
si choca tu mirada en mi mirada.
Alzas la vista
y vuelas.
Ya sé que no te atreves
a mirar hasta el fondo de mis ojos
porque te debilita
saber que descubrí lo indescifrable
del grabado que escondes en el pecho.
Me he sostenido a todo
y contra todo
tal como se esperaba de una Euriale.
Por eso es tan normal
que en las obscenidades de las fiestas
llegué tarde a los brindis
y prematura al postre de los dioses.
Lo sé.
Soy la invitada incómoda al banquete.