El amor: esa planta carnívora…
Entras en mi
con la veracidad de un rezo antiguo
y la evidencia de lo no palpable
como un axioma ungido
de la piel a la piel.
Me tocas
y me incorporas al germen absoluto
transitorio y eterno,
al envés de la vida,
al vórtice total de lo inasible
que brota desde el ara de tu vientre.
Estoy creyendo en ti
con una fe de carne que se artiga
que se sacude
y gime
y que se irradia
desde la luz acuosa de tus dedos.
Invéntame una fe con alas nuevas
ahora que tengo el alma de crisálida.
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