El amor: esa planta carnívora…
No me inculpes del tiro tan certero
que te machaca así, gota tras gota.
Es tu flumen vitae lo que te explota
dejando al descubierto tu guerrero.
Ay adalid ¿No ves tu cuerpo entero
impugnando con fuerza la derrota?
Y en cada perla helada que te brota
¿no sientes la templanza del acero?
¿No escuchas tus rugidos de pantera
que a pesar del cuchillo y la salmuera
sus garras no abandona ni retrae?
No son perlas de mi. No es mi saeta,
es tu sangre arrancando la espoleta
de ese “dentro de ti”: flumen vitae.