Cuando cierras los labios,
cuando callas,
pueden pasar dos cosas,
eres cómplice…o sabio.
Hoy caminaba así, como al descuido
por esos caminitos de cristal que ya conoces
sin runbo fijo, sabes
tomando atajos,
metiendo la nariz bajo las piedras
y descolgando sueños de los árboles.
Y atesoré “tesoros” sobre mi hombro:
la brizna de un pleonasmo,
el deshojar de un blanco silogismo
doce adjetivos de agua
y el verbo de volar pero sin pájaro.
Mi tesoro mejor fue una palabra
que alguien dejó olvidada en el camino…
una garúa de nadas,
de recuerdos
de lluvias suavecitas
(pañuelito bordado entre el nosotros)
Garúa de filigranas
lluvia de mil palabras infinitas
risa del corazón,
puentes de azúcar y de sal sin tiempo…