El amor: esa planta carnívora…
Hoy te miré en mi espejo.
Tu sonrisa de pan azucarado
era una invitación a los mordiscos
y al largo sorbo de tu voz lejana
llena de timbres suaves.
Entrecerré los ojos
dejándote vagar por mi cintura
y acariciar mi rostro
con la tibieza limpia de tus dedos
con la mirada a tientas.
Es tan extraño
este cariño antiguamente nuevo
que habita entre nosotros
tan de seda y de sangre y de caminos
que nunca tienen fin.
Y te miro en mi espejo y me pregunto
por el beso que escondes en la boca
por el sabor mojado de tu lengua
y
por
tus
dedos vestidos de caricias
sobre mi piel desnuda
vestida en los rubores de un pensarte
malabarista cálido en mi vientre.
Abrí los ojos y te vi en mi vida
y susurré tu nombre
atravesando el agua del espejo…