El amor: esa planta carnívora…
tienes la lengua cálida y aguda
-bisturí de aqualáser-
desapegando el eco de lo ajeno
para tatuar epígrafes verdosos
sobre el betún de las murallas vivas
resbalas suavemente
relámpago de savia lemanita
palpando
titilando
sobre la morbidez de algún gemido
iluminado apenas de luciérnagas
todo lo inventas nuevo desde su mismo origen
de esmerilado parto
lo autopsias todo en tus sudores tibios
lo exhumas todo en contorsiones pélvicas
de un entretiempo gris
que reverdece en las apenas manos
llegas
con más de glorias nuevas que vestigios
del eco de saharú
desmitificas
cada jardín que nimba las cabezas
con un soplo de súcubo extranjero
a la mitad del aire
grito resquebrando un cielo eléctrico
con sus versos
incógnitos
furtivos
transgresores vehementes de los ojos,
violadores del himen de los párpados
eres como liturgia Mardukiana
un milagrero oscuro que consiente
exige
impulsa
agita
para colgar la boca almidonada
en los frisos más altos de las torres
como escalando con la lengua el paso
de alguna Puerta Azul
de algún Templo de Venus