Fué una pequeña traición hecha a mí mismo:
moré quince minutos en una patria nueva
y en la capital de sus ojos perdí mi identidad.
I
Lluvia de sangre y navajas
está cayendo en mi piel
y extiende sobre un papel
su anatomía de mortajas.
Lluvia impasible de najas
líquidas y ponzoñosas
envenenando impiadosas
el cristal de mis balcones.
Lluvia de los corazones
desenturbiando sus fosas.
II
La lluvia en el herbazal
deja en húmedos rastrojos
las trampas para los ojos,
humor vítreo en el cristal.
Lluvias donde el mal y mal
se arrastra y se desenjalma
y en los pañuelos de palma
deja un vestigio mojado
gris y desesperanzado
por los herbajes del alma…
III
Lluvia suave como el eco
de algún suspiro olvidado
que se muere de mojado
y se evapora de seco
para quebrarse en el fleco
húmedo de la pupila
y se engarruña y se afila
confundida con el agua
cuando en el ojo desagua
epígrafes de “se alquila”.
IV
Miro la lluvia. Mañana
cuando ya no llueva tanto
deslavaré el camposanto
que vive por mi ventana,
espectro que me ensabana
con mortajas de agua-sal.
Mañana, que en el cristal
no se moje ni un suspiro
podré decir que respiro
por mi bien. Y por mi mal.
V
¿Conoces la lluvia fría?
¿La del aisberg deslavado
que se clava en el costado
y se convierte en sangría?
Dicen que es melancolía,
yo le llamo dolorlumbre
donde por pura costumbre
el cuerpo sigue de pie.
Lluvias del yo-no-sé-qué
quemantes como el alumbre.
VI
Cuando te lluevan cuchillas
por los vórtices del pecho ,
cuando llueva por tu lecho
un invierno hecho de astillas,
y te mires, de rodillas
y sientas que tu epicentro
se desbarata en el centro
líquido de tu osamenta…
Sabrás lo que es la tormenta
cuando te nace por dentro.
VII
Llueve sed. Desiderata
fársica del cementerio
llueve un sórdido misterio
que desnutre y arrebata.
Llueve la sed que me mata
cuando humedece mi boca.
Llueve. Llueve. ¡Como toca
por dentro la lluvia fría!
¡Como se moja la umbría
muscínea sed de mi roca!
.