El amor: esa planta carnívora…
Cuando no queda más que negra noche
tiñendo nuestras sábanas de sueños
nos quedará el valor firme y entero
encendiendo su lámpara de azogue.
Por mucho que las penas descoloquen
el perímetro astral de nuestro centro,
aunque nos llene el alma con venenos
nos queda el encendido de las voces.
Los consumatum est no son razones
para bocabajearse contra el suelo;
son al contrario, impulso para vuelo
y oxigenar muy alto los pulmones.
No ha de ser el amor, perecedero
lo que a mi vida ponga condiciones.