He escuchado el llanto de la hierba y no pude evitarlo.

Juan Carlos Dávalos
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Juan Carlos Dávalos nació en Salta en 1887 y falleció en 1959. En su adolescencia escribió sus primeros poemas. Y todavía en esa etapa fundó el primer periódico, “Sancho Panza” (junto con Torino y Paz). Estudió primeramente en Salta, y posteriormente en Buenos Aires cursó algunos años de Derecho. Se desempeñó como profesor universitario, y perteneció a la Academia Argentina de Letras. Entre sus obras, se encuentran: “La guerra en armas”, “Los gauchos”, “La epopeya salteña”, “De mi vida y de mi tierra”. En 1946 se publica la Antología de “Cuentos y Relatos del Norte Argentino”. |
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LA VOLTEADA
Muge plantado en actitud bravía,
Hinca, dócil al puño que lo guía
Y cuando el toro enceguecido y fiero
Se cimbra el lazo sobre el bramadero LA MUERTE
Y yace el bruto en la postura inerte
Nadie el espanto y el dolor advierte
¡Después, el estertor, el hondo tajo!
La sangre por la herida borbotea, |
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Cazando vicuñas anduve en los cerros.
- ¿Por qué no pillarlas a la usanza vieja,
-No caces vicuñas con arma de fuego,
-¿Tú viste a Coquena?
Coquena es enano; de vicuña lleva
De todo ganado que pace en los cerros,
Y es él quien se roba de noche las llamas
En unos sayales, encima del cerro,
De allende las cumbres de nieves eternas,
Huyó por los filos el hato disperso,
Cuando el alba tiñe - limpiando los cielos-
No más en los cerros guardando sus cabras, |
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Don Juan - Bernardo
Erase una viejecilla
Una médica le dijo:
Y la pobre viejecilla
Mas los hijos que a su madre Bernardo - Va rajado el cuento, abuelo, como vos me lo contáis.
¡No habéis dicho que los hijos Don Juan
- Bueno, ¡Ya están!
El chiquillo que a su madre quería más,
Y una noche, fatigado
Y ocurrió que de esas peñas
Carboncillo, de los diablos,
¿Cómo viene a mi presencia
Y el chiquillo recogióla,
Le aguardaban sus hermanos,
Y curó la viejecita
Con la caña hizo una flauta,
- Pastorcillo, no me toques |
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Conseja de un arriero
Arreando ganado, camino de Chile,
Lejos, a trasmano, quedaba la tropa,
Calculo sería más de media noche,
-Sin duda de fiesta - dije -en estos pagos
Maneamos las mulas y a pie nos largamos,
Ni perro, ni luces, ni fuego en el rancho…
cada vez más cerca se oía el rumor,
Al filo de un cerro pareció la luna,
Mal agüero es éste -dijo el compañero- |